—Nunca había estado aquí a esta hora, no habría imaginado que hubieran luciérnagas —murmuró embelesada Dana.
El viento azotaba su cabello enviándolo en distintas direcciones mientras que su aroma comenzaba a hacerse presente penetrando las fosas nasales de Kian quien enseguida se tensó.
Sus ojos se dirigieron a ella bebiendo la embriagadora imagen de su compañera.
Aquellos cuatro años solo habían reafirmado la belleza de Dana pero no era eso lo único que lo atraía de ella sino su espíritu incan