Pasan dos semanas en lo que parece una nueva normalidad. Antonio ha estado presente constantemente desde aquella noche, sin faltar a ninguna visita programada con Milo, y siempre lo devuelve puntualmente. Ha respetado mis límites, manteniendo nuestras interacciones estrictamente centradas en nuestro hijo. A veces, cuando deja a Milo, vislumbro la conexión natural que han desarrollado: bromas privadas, pequeñas tradiciones, la forma en que se le ilumina la cara a Milo cuando habla del tiempo que