Mundo ficciónIniciar sesiónFue ayer mismo. Dejé a Milo en casa de Antonio para pasar el fin de semana. El aire otoñal es cálido para octubre, ese calor inusual que hace que la tarde parezca más de verano que de otoño. Entro en la entrada de Antonio, con Milo dando saltitos de emoción en su sillita, ansioso por ver a su padre.
—¡Papá me va a enseñar a pelear hoy! —anuncia mientras lo desabrocho—. ¡Como lobos de verdad!
Sonrío, alisándole el pelo oscuro, tan parecido al de su padre. —¿Ah, sí? Bueno, ten cuidado y escucha todo lo que te diga, ¿vale?
Milo asiente con solemnidad. —Lo prometo.
Al acercarnos a la casa, veo a Antonio en el patio lateral, cerca del peque&ntil







