Mundo de ficçãoIniciar sessãoSTELLA
No sé cuánto tiempo pasa. La torre no tiene ventanas al mundo exterior, solo esa abertura que deja ver un cielo gris e inmutable. No hay sol que marque los días, ni luna que cuente las noches. Solo una monotonía interminable y aplastante.
El Rey regresa con regularidad. A veces trae nuevos recuerdos para torturarme. Otras veces se queda ahí parado, observándome desmoronarme. Nunca alza la voz. Nunca muestra ira. Solo esa crueldad fría y calculada que, de alguna manera, es peor que cualquier furia.
—Háblame de tu hijo —dice durante una de sus visitas.
No respondo. Aprendí rápidamente a no darle munición.
—Milo, ¿verdad? Tiene tres año







