CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE

ZELLA

Me encontré con Edgard en la puerta este justo cuando el sol asomaba por el horizonte. Ya estaba estirando, con una pierna apoyada en el poste de la cerca, y sonrió al verme acercarme.

—Buenos días, Zella. ¿Lista para esto?

—Tan preparada como voy a estarlo —murmuro, rodando los hombros.

Normalmente hago estas rondas del perímetro sola; de hecho, lo prefiero. Hay algo de paz en la soledad: solo yo, mi loba y la tranquilidad del bosque. Pero desde que las amenazas de los Fae empezaron a aumentar, Antonio hizo obligatorias las patrullas en parejas para todos. Nadie sale solo. Demasiado peligroso.

Así fue como terminé con Edgard como compañero de carrera esta mañana.

La verdad es que debería estar en la cama. Dormí quizás dos horas anoche, y esas dos horas estuvieron llenas de sueños tan vívidos que me desperté jadeando el nombre de Elian en la oscuridad. Mis sábanas estaban enredadas, mi piel húmeda de sudor, y el dolor entre mis piernas era tan intenso que quería gritar.

El víncu
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