CAPÍTULO DOS
ZELLA
Observo el informe de la alianza que tengo delante, leyendo el mismo párrafo por quinta vez. Las palabras se difuminan, pierden sentido.
El vínculo tira. Constante. Insistente. Un jalón en mi pecho que me pide que vaya a buscarlo, que lo obligue a reconocer lo que somos.
Pero él huyó.
Me presiono el pecho con la mano, intentando aliviar el dolor. No ayuda. Nada ayuda.
Mi loba gime en mi mente. Ve a buscarlo. Es nuestro.
Él no nos quiere, le digo con amargura.
Sí quiere. Lo sentí.
Tomo mi bolígrafo y me obligo a concentrarme en el informe. Trabajo. Puedo sumergirme en el trabajo como siempre hago cuando las cosas se complican demasiado.
Un suave golpe en la puerta de mi oficina. Luego se abre y Stella entra.
—Hola —dice en voz baja, sentándose en la silla frente a mí—. ¿Cómo estás?
El bolígrafo se me cae de la mano. Cae sobre el escritorio mientras respiro entrecortadamente.
—Nunca había sentido algo así. —La miro, necesitando respuestas—. ¿Hablaste con él?
—Sí.
La e