POV: Alma
Desde que Alex volvió con sangre ajena en los nudillos, algo en mi cabeza se reorganizó sin pedirme permiso.
Intento concentrarme en la pantalla, pero mi mente repite la misma escena: sus dedos entrelazados con los míos, su boca rozando mis nudillos, su frase:
“Si para mantenerte viva tengo que ser el monstruo, voy a serlo.”
No es la declaración que soñaría cualquier persona cuerda.
Mi omega, en cambio, la guarda como si fuera promesa.
El panel marca “mañana”. Tomo una ducha rápida, me visto con leggings y una polera, y me siento frente al escritorio. Umbra ya está cargada: mapas, tablas, gráficos en borrador.
Estoy revisando una base cuando la puerta hace bip.
—Voy a entrar —avisa.
—Pasa —respondo.
Entra con dos tazas. Huele a café, a jabón y a la calle que todavía tiene pegada a la piel.
—¿Cómo va el mundo paralelo? —pregunta, dejando una taza a mi lado.
—Igual que siempre: mal, pero con datos —respondo.
Se queda detrás de mí, leyendo por encima de mi hombro. El calor que