POV: Alex
Llego a la esquina en menos de diez minutos.
No fui elegante: salí de la torre con las llaves del auto y una orden rápida a Sebastián.
—Rastrea cámaras cerca de una panadería San Martín, cuatro paradas antes del barrio de Alma —le dije—. Si ves algo raro, me avisas.
No preguntó más. Sabe que cuando uso ese tono, no es por un simple mareo.
Doblo y la veo.
Está apoyada en la pared, mochila colgando de un hombro, el celular en la mano. De lejos parece solo cansada. De cerca, no.
Su olor me golpea antes de que pueda racionalizar nada.
Calor, nervios, esa nota dulce y tensa del pre-celo. Más fuerte que en la torre. Mezclada con humo de micro, pan recién hecho y otro rastro masculino que no es mío.
Aprieto la mandíbula.
Freno junto a la vereda. Bajo la ventana.
—Súbete —digo.
Ella duda medio segundo, lo justo para mirarme, comprobar que soy yo y no una versión inventada por el calor. Luego rodea el auto y entra al asiento del copiloto.
Cierra la puerta. El olor se concentra.
—Respi