La cosa más bella. 1
Las luces colgantes bajaron su intensidad hasta quedar como un susurro de brillo cálido, apenas lo suficiente para distinguir los rostros maravillados que la rodeaban, Aileen, con el violín aún en sus manos, respiró hondo y sonrió apenas.
— Una más. — murmuró, más para sí que para el público.
Levantó el arco, y las primeras notas de Camille Saint-Saëns comenzaron a llenar el aire, era una melodía más intensa, llena de vida, de un poder salvaje y elegante que parecía brotar desde el centro mismo