Herida. 4

Aileen soltó un grito ahogado y luego rio con más fuerza, viendo cómo el pobre animal intentaba extender las alas sin éxito, las tenía rígidas, endurecidas por la sangre seca que aún las manchaba.

— Ay, tonto, ven aquí. — dijo con cariño mientras lo sujetaba con cuidado, evitando mojarse demasiado.

El cuervo se quedó quieto, dejando que ella le pasara la mano húmeda por las alas, desprendiendo poco a poco la suciedad y los restos de sangre seca, el agua se volvió un poco turbia, pero el animal
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