Mundo ficciónIniciar sesiónLlegaron finalmente a la casa de Leo, una imponente edificación de dos plantas con paredes de piedra gris, techo a dos aguas cubierto de tejas oscuras y un amplio porche que invitaba a quedarse, adornado con mecedoras de madera y macetas colgantes rebosantes de flores. Leo estacionó frente a la entrada y, con una sonrisa orgullosa, extendió el brazo para señalarla.







