Ya eran las siete y Javier aún no iniciaba la fiesta. Sentado en el sofá, jugaba distraídamente con un encendedor mientras miraba la hora y revisaba su teléfono constantemente.
—Javier —Camila le jaló suavemente la manga—, ya es tarde y todos tienen hambre...
Javier la miró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Tú eres la que tiene hambre, ¿verdad? —le pellizcó la mejilla juguetonamente.
—¡Me muero de hambre! Quiero probar el pastel —Camila se acurrucó en sus brazos.
Javier percibió un aro