Pero su "papá", que tanto la había querido, ni siquiera la miró. Con un gesto de la mano, como espantando moscas molestas, ordenó que sacaran a madre e hija.
En la puerta, Camila hizo un último intento desesperado. Se aferró a las columnas gritando histéricamente: —¡Javier! ¡No puedes hacerme esto! ¡Estoy embarazada! ¡El bebé es tuyo! ¡Tienes que responder por mí!
—¿Javier? —Mariano lo miró interrogante.
Javier sintió náuseas. Quería reír pero no podía. ¿Cómo pudo haberse enamorado de alguien ta