Recordó la última mirada de Alejandra: vacía, sin emoción alguna. Como si él fuera un extraño, un simple transeúnte en su vida.
Javier se levantó bruscamente, pero antes de que pudiera salir, Camila entró.
—Javier —su voz suave y tímida como siempre, sus grandes ojos brillantes a punto de llorar, como si alguien la hubiera lastimado—. ¿Por qué bebiste tanto? Mañana te dolerá la cabeza.
Se acercó y lo tomó del brazo con dulzura. Javier iba a hablar cuando percibió ese perfume familiar. Algo se re