En medio de la noche, me despertaron unos gritos y llantos. Apenas me había incorporado cuando patearon la puerta. Mi madrastra entró llorando y, antes de que pudiera reaccionar, me dio varias bofetadas.
—¿Cómo puedes ser tan cruel? —gritó—. ¿No fue suficiente lastimarla durante el día? ¿Ahora quieres matarla?
Se lanzó llorando a los brazos de mi padre: —¡Sabía que Camila es alérgica a los duraznos y aun así roció jugo en su cama y almohada! ¡Quería matar a nuestra hija!
—Ya, tranquila —la conso