Las cartas al descubierto

Paul

Intenté seguir a Marina cuando echó a correr con lágrimas en sus ojos. La sujeté por el brazo y traté de hablar con ella y pedirle que me dejara explicarle las cosas, pero cuando la miré a su hermoso rostro y vi sus lágrimas cayendo por sus mejillas, su nariz moqueando y sus mofletes ardiendo, entendí que debía darle espacio. No mucho, ella estaba herida en el alma, enfadada y yo no pensaba dejarla sola por mucho tiempo.

Me di la vuelta para encarar a aquellos miserables, los máximos culpa
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