—Si no le crees a Columbus y tampoco a mí, puedo arrastrarla desde Francia hasta aquí para que ella mismo te lo confirme, frente a nosotros
—No es necesario, porque no les creo, ustedes dos pueden estarse tapando las mentiras que dicen, por algo son amigo inseparables
—A mi también me dijeron que te habías casado de nuevo, que tu esposo murió y de esa unión nació tu hija, que es muy linda, por cierto
—¿Qué cosa?
—Pero ahora que la vi, sé que no es verdad
—¿Por qué no? Crees que no puedo olvidar