Los primeros días de compromiso fueron como un sueño envuelto en terciopelo. Alessandro Petrov era el prometido perfecto. Anya se vio rodeada de lujos, detalles pensados con precisión quirúrgica, cenas en los restaurantes más exclusivos, regalos costosos y un trato que bordeaba lo idílico. Alessandro la protegía, la mimaba, se aseguraba de que no le faltara nada. Pero en medio de toda esa devoción, había algo que inquietaba a Anya.
Había miradas que duraban un segundo demasiado. Ocasiones en la