El eco del teléfono resonó en la habitación, rompiendo la burbuja cálida que Lilia y Nikolai habían construido en los últimos minutos. Él deslizó una mano por su rostro, su mandíbula se apretó con furia al leer el nombre en la pantalla. No era común que lo llamaran a esas horas sin un motivo urgente.
—Contesta —susurró Lilia, con preocupación.
Nikolai deslizó el dedo por la pantalla y se llevó el teléfono al oído.
—¿Qué pasa? —preguntó con un tono seco y directo.
El silencio al otro lado de la