Nikolai estaba sentado en su oficina privada dentro de uno de sus clubes más exclusivos. Sus pensamientos estaban demasiado ocupados en lo que su hombre de confianza tenía que decirle.
Frente a él, Viktor, un hombre fornido con cicatrices en los nudillos y un aura de letalidad, esperaba en silencio, con un expediente grueso entre las manos.
—Dime que traes algo bueno —ordenó Nikolai.
Viktor le tendió el expediente sin perder tiempo.
—No sé si lo llamaría “bueno”, pero es jugoso.
Nikolai arq