NAIA
Me desperté antes de que el sol lograra atravesar la densa niebla moscovita.
El lado de la cama de Artem estaba vacío, pero las sábanas aún conservaban su calor y ese aroma a madera y ámbar que se había convertido en mi único bálsamo me quedé un momento mirando al techo, procesando la promesa de la noche anterior.
El hielo se terminó quería creerle, necesitaba hacerlo, pero el silencio de la casa de seguridad me recordaba que estábamos en guerra.
Me levanté y bajé a la cocina era una e