#58:

Sin pronunciar otra palabra bajé del estrado de la forma más digna que pude y no fue hasta que alcancé la puerta del fondo cuando advertí que me había olvidado del premio. Una empleada me siguió hasta el vestíbulo, donde me había desplomado atacada de agotamiento y humillación, y me lo entregó.

Era una figurita de lo más increíble, parecía una mujer, caminando por una pasarela y si no me equivocaba estaba hecha de plata o platino.

Esperé a que la empleada se marchara y pedí a un portero que la
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