—¿Diga? —Mi voz sonó enérgica, como si no estuviera tumbada en cueros sobre una mesa, cubierta de aceite y amodorrada.
— Yessica, comunica a la gente del Hungaro que esta noche no podré ir. Asistiré a una fiesta y espero que me acompañes. Te quiero lista dentro de una hora.
—Claro… claro —tartamudeé, y colgué mientras intentaba asimilar el hecho de que iba a salir con Markus. Recordé el día anterior (cuando me dijo en el último momento que debía acompañarlo) y temí que me diera un soponcio. Di