Las puertas del elevador se cerraron y ¡yo quería morirme!
Íbamos a ser los únicos pasajeros durante las próximas diecisiete plantas. Sin pronunciar palabra, abrió su carpeta de piel y empezó a pasar las hojas. Estábamos uno al lado del otro y la profundidad del silencio se multiplicaba por diez con cada segundo que pasaba.
¿Me sentiría culpable?, me pregunté. ¿Era posible que hubiese estado borracho la noche anterior? ¿O simplemente quería aparentar que no había ocurrido nada?
Me extrañaba qu