—¿Por qué has estado tan antipática? —me recriminó Eliza al tiempo que se quitaba su ligera chaqueta de cuero para desvelar un top de gasa aún más ligero que se ataba por delante como un corsé.
—¿Antipática? Le he ayudado con las cosas que traía y hemos estado charlando hasta que has llegado. ¿A eso lo llamas estar antipática?
—En primer lugar, no le has dicho adiós. Y en segundo lugar, tenías esa expresión tan tuya.
—¿Qué expresión?
—Esa expresión que deja bien claro a todo el mundo lo much