Como es lógico, por mucho que intentara recordarme una otra vez que yo era estable mentalmente y ellas no, los constantes comentarios gordofobicos habían hecho mella en mí. Apenas llevaba unos meses allí y mi mente ya estaba lo bastante desvirtuada (por no decir paranoica) incluso llegué a pensar que esos comentarios iban dirigidos a mí.
O sea, yo, la alta y esbelta asistente de moda, hago ver que me creo gorda para que tú, la rechoncha y achaparrada asistente del jefe, te des cuenta de que en