GIANNA
Recostada en la cama, mi corazón aún latía con fuerza. Cameron se separó y me miró desde arriba con una sonrisa.
Estaba sudado, y el cabello se le pegaba a la frente con cierto detalle. El olor a se.xo embargaba la sala, crudo, penetrante… y me gustaba, me encantaba.
—Acércate… —murmuré quedo.
Él lo hizo, tanto que lo sentí rozar mi piel, y llevé mi nariz a su cuello para olfatearlo con lentitud. Me hallaba sudada, cansada, pero complacida. No recordaba una vez en mi vida en la que me si