Laura se aferró con fuerza a su teléfono, sintiendo el pulso acelerado en sus manos. Sabía que no podía postergar más la decisión de pedir ayuda. La amenaza era real y la oscuridad que rodeaba Los Laureles solo aumentaba con cada nueva revelación.
Respiró hondo y marcó el número de emergencias. Sofía, Marta y Carlos la observaban en silencio, conscientes de que aquella llamada podría cambiar el rumbo de su vida.
“¿Emergencias?” —contestó una voz masculina del otro lado de la línea.
Laura tragó