La oficina de Los Laureles seguía con su rutina diaria, pero los empleados no podían ignorar la sombra de incertidumbre que aún se cernía sobre ellos. Clara había sido arrestada, pero cada miembro clave del equipo sabía que su actuación no había sido un simple caso aislado.
Laura trataba de enfocarse en sus tareas, pero cada nuevo mensaje o actualización de los sistemas internos la hacía sentir en alerta. Carlos y Marta, por su parte, revisaban registros y analizaban patrones con la precisión