Él rio suavemente, un sonido oscuro y excitante. “Paciencia, mi vida. Apenas estamos comenzando el segundo día.” Se deslizó sobre ella, y Laura sintió su peso, la presión de su pelvis contra la suya. Sin preámbulos, la penetró desde atrás, una embestida profunda y certera que le arrancó un grito que esta vez no pudo reprimir.
El ritmo que impuso fue lento al principio, cada movimiento una tortura deliciosa, permitiéndole sentir cada centímetro de él llenándola, estirándola. Sus manos se aferrar