El chasquido metálico del ascensor al llegar a la planta baja fue como el cerrojo final de una burbuja mágica. Laura inspiró profundamente, el aire del vestíbulo, neutro y funcional, contrastando con la cargada atmósfera del apartamento de Daniel que acababa de dejar atrás.
Cada paso hacia la salida del edificio se sentía como un ancla tirándola de vuelta a la gravedad de su vida cotidiana, una gravedad que, curiosamente, ya no percibía tan opresiva.
Afuera, el sol de la tarde la recibió con un