El sol de la mañana, que unas horas antes prometía un nuevo comienzo, ahora bañaba la ciudad con una luz más madura. Laura, tras su frugal desayuno y la conversación con Helena, había sentido un impulso casi irrefrenable de no volver a encerrarse.
Necesitaba aire, espacio, sentir la vida bullendo a su alrededor para contrarrestar la quietud opresiva de la clínica y la soledad de su apartamento, por más que este último fuera su refugio. Vagó sin rumbo fijo durante un rato, permitiendo que sus p