El beso fue un torbellino de emociones. No fue un beso apresurado, sino uno que se fue construyendo con la paciencia y el deseo mutuo. Había en él la ternura de la comprensión, la urgencia de la necesidad y la chispa innegable de la atracción. Los labios de Daniel eran suaves, y su aliento cálido contra su piel. Laura se abandonó al beso, sus brazos rodeando el cuello de Daniel, sintiendo la solidez de su cuerpo contra el suyo.
La culpa por un momento pareció diluirse en el fondo de su mente, r