82. Debemos llevarte al hospital
Cuando despertó la mañana siguiente, más exhausta que de costumbre y con un leve dolor de cabeza, vio que el otro lado de la cama ya estaba frío y vacío.
Echó un rápido vistazo al reloj solo para descubrir que eran casi las nueve y salió despavorida fuera de las sábanas. Se alistó lo más rápido que su cuerpo le permitió y buscó sin resultados el móvil en todos lados. ¿Dónde lo habría dejado?
— Buenos días, señorita — la saludó James, amable y cauto como todos los días —. El auto ya está listo.