104. No hagas ninguna tontería, por favor
En cuanto entró a la habitación y la vio allí, recostada en aquella camilla con la mirada perdida en el exterior, sintió que sus pulmones se encogían y que el aire le faltaba.
Odiaba saberla herida… vulnerable. Y sintió rabia consigo mismo por no haberla podido proteger mejor. A ella y a la pequeña adoración en su vientre que ya amaba aun sin conocerle.
— Jack… — musitó Kira al percatarse de su presencia. Todo el cuerpo le dolía, pero saberlo a él allí le transmitía muchísima calma.
Él reaccion