103. Cariño, estoy aquí
— ¡No, no, no! ¡No vayas a desmayarte! — le había dicho Becca a Kira tan pronto cruzaron la puerta de una enorme casa que parecía abandonada hacía ya un tiempo.
Todo estaba cubierto con sábanas blancas y el piso cubierto por una muy fina capa de polvo.
La tomó por el brazo lastimado para ayudarla a que siguiera adelante y la dejó caer en el sillón más cercano. Kira se quejó de dolor.
— Ten, hazte lo que tengas que hacerte en el brazo — le lanzó las cosas que habían comprado anteriormente y desp