73. Esa mujer era suya
Pasados unos minutos, ella se separó y lo miró a los ojos.
— Me gusta que digas nuestra habitación — musitó, enamorada, increíblemente enamorada, mientras él posaba sus manos en su cintura.
— Nuestra habitación — repitió, con voz profunda, perdido en esas dos preciosas gemas castañas.
— Oh, es tan sexy — jadeó ella, mordiéndose el labio inferior.
Jack soltó una larga carcajada y la alzó en volandas sin ningún esfuerzo para después sentarse en la orilla de la cama y ella lo montara a horcajadas.