66. Duerme conmigo esta noche, Kira Raleigh
Cuando Jack abrió la puerta y la descubrió semidesnuda, sobre la cama, en la posición que le había pedido y con el trasero rosadito y respingado, no pudo evitar gruñir una maldición y sonreír por lo terrible y complaciente que esa mujer podía ser.
— Joder, Kira, eres irreprochablemente cautivadora — le dijo bajo el umbral de la puerta, y comenzó a deshacerse de los botones que le restaban de la camisa a medida que se acercaba hasta ella.
Cuando estuvo a una buena distancia del pomposo trasero,