67. Celoso y sin remedio
Entre beso y beso, Jack la arrastró al cuarto de baño. Kira se aferró a su nuca y avanzó en puntillas, correspondiendo al embate de su lengua más que complacida.
— ¿Seguro que solo vamos a darnos una ducha? — le preguntó coqueta, riéndose, y reparando en seguida que la virilidad masculina se había despertado… nuevamente.
— Quizás un poco más que una ducha — respondió seductor, lamiéndole los labios lenta y cálidamente, mientras deslizaba las manos por el arco de la espalda y le apretaba las nal