50. Un hombre en el elevador
El lunes le envió a la primera hora del día el discurso al que debería aferrarse en caso de que las cosas con Becca se salieran de control. También, en otro correo, añadió un par de propuestas para que él le echara un vistazo.
Cuando cerró el portátil, su móvil vibró.
Era él.
En seguida su cuerpo reaccionó tensándose.
— ¿Jack? — musitó quedamente cuando se llevó el aparato a la oreja.
— ¿Qué haces trabajando? — le reprochó con un dejo de cariño — Se suponía que estabas tomándote un par de días.