Ninguno se movió por un periodo corto de tiempo, pero que en verdad se sintió tan largo y eterno para ambos. No queriendo romper el hechizo en el que, hipnotizados, ambos estaban con las respiraciones agitadas y embelesados, miraban los labios y los ojos del otro. Eros fue el primero en apartar su mirada de la boca de Alyssa, solo para perderla en sus pecas tostadas y sus ojos cafés.
Alyssa no se movió, solo deseando con la misma intensidad en la que quema el sol, que Eros se inclinara y tan so