Poco salía Elián de la mansión Drahneilor, incluso ese día algunos sirvientes y soldados lucieron asombrados al verlo caminar por los pasillos inferiores. Así que, cuando Elián salió por la entrada seguido únicamente por Darío, se subió al auto y condujeron casi una hora hasta Rona de Sus, Elián estaba agotado por los estímulos del mundo exterior.
Cubriéndose del sol muy excesivamente, Darío le sonrió con un poquito de burla. —Ya te hacía falta un poco de color —mencionó el guardia—. Es decir,