Eros estaba sentado en el escritorio de su padre, cuando la puerta de la oficina se azotó contra la puerta. Sin duda habría dejado una abolladura, pero cuando Eros subió su mirada del periódico y notó que solo se trataba de Elián, supuso que a Alessandro no le importaría si tenía que pagar por eso.
– ¿Qué hay de nuevo, hermano mayor? –Eros alzó una ceja ante la pregunta de Elián, pero jamás quitó su vista del periódico, solo seguía leyendo–. ¿Estás jugando a ser papá? Oh, bueno, disfrútalo mien