Con un mirada feroz y protectora, el guardia que quedó con ellos se giró hacia Alyssa y Livia, dándoles un asentimiento con su cabeza—. Señoritas Russo, son libres de pasar con sus invitados. Notificaré al señor de la casa que estarán entrando. Lamentamos los inconvenientes, y bienvenida de nuevo, señorita Silvia.
Alyssa se sacudió en otro escalofrío.
Con el cuerpo tenso, ella se subió de nuevo al auto cuando el soldado los dejó pasar por la larga valla negra y retorcida que ocultaba en su inte