Alyssa desvariaba entre el mundo real y sus sueños sobre el hombro de Eros, mientras que algunas luces pasajeras iluminaban el rostro de adormilado de Alyssa brevemente contra la oscura noche. El auto se mecía suavemente, y él era plenamente consciente del suave ronquido de su esposa, haciéndolo sonreír por la inocencia que vibraba en ella incluso por sobre todas las cosas que ambos habían hecho.
Y Eros no solo pensaba en los acontecimientos de esa noche.
A su mente llegaba cada imagen de docen