Solo que, cuando sus pies iban a dar una pisada fuera de la mansión, un cabello oscuro como la noche llamó su atención.
Era Babi.
—¿Alyssa? —Ella preguntó.
Con un nudo en su garganta, Alyssa no pudo hacer nada más que tirarse a su cuello y usarla como pilar sobre el cual sostenerse. No lloraría allí, no aumentaría su humillación más de lo que ya se sentía. Sí, quizás aquella noche prometía no ser tan horrible.
—¡Me alegra verte aquí! —Exclamó Alyssa, viendo a su amiga de pies a cabeza. No veía