—Aún quedan, por lo menos, tres o cuatro horas de oscuridad. —Eros miró su reloj y subió su mirada al cielo. Artem esperó por alguna respuesta de alguien, pero solo hubo silencio tras sus palabras. Él suspiró—. Yo mantendré a mi padre entretenido hasta mañana; sus guardias tienen un cambio dentro de quince minutos y solo habrá un tiempo muerto para que tus soldados pasen de sesenta segundos. Después de eso, no vuelvan a pisar la residencia. —Alyssa vio a Artem retirarse, sin despedirse de ella