Capítulo 8. Parte 3 - El color del engaño
El color del engaño. Parte 3
Alexia:
Me parece mentira que existan personas tan confiadas. Su propuesta hace que me atragante con la bebida, pues sabía que era ingenua, pero esto me supera. Maribel se levanta de su silla y comienza a darme golpecitos en la espalda. Le hago un gesto para que se detenga, demostrando que estoy mejor.
—Gracias, estoy bien. Me has tomado por sorpresa, no sé qué decir.
—¡Di que sí! —dice con efusividad.
«¿Por qué se muestra así?»
A la cabeza se me vienen un sinfín de cosas, pero las desecho. No debe preocuparme su vida, pues nada es más importante que la mía.
—No tengo amigas y tú caíste del cielo para mí. Es verdad cuando dije que eras como un ángel.
—De acuerdo, iré a tu boda. Estaré presente cuando te unas al amor de tu vida, y sé que lo harás muy feliz; a simple vista se nota que eres una gran mujer —las mejores palabras para una mujer que no he visto ni en peleas de perros, pero en este caso debo estar agradecida: ella me está haciendo la tarea muy fá