La noche se desplegaba en la ciudad como un manto oscuro, con las luces de los edificios proyectando sombras largas sobre las calles vacías. Javier y Aitana estaban en el centro de operaciones, rodeados de pantallas, mapas y documentos, mientras el reloj avanzaba lentamente hacia la hora crucial. Sabían que el tiempo apremiaba, y que cada movimiento debía ser calculado con precisión. El tercer jugador que buscaban, el misterioso "tercero" detrás de las transacciones ilegales, era la clave para