La madrugada llegaba lentamente, con una calma inquietante que cubría la ciudad. Javier caminaba por las frías calles, sus pasos resonando en el vacío de la noche, mientras las luces de los faroles parpadeaban a su alrededor. Aitana estaba a su lado, con el mismo paso firme pero un tanto pensativa. Los ecos del encuentro con Héctor Álvarez seguían en su mente, pero algo no encajaba. Sabían que las piezas del rompecabezas estaban a punto de encajar, pero aún quedaba un largo trecho por recorrer.